Sobre los detenidos en Iruñea, la violencia y los oportunistas

Artículo de un compañero sobre lo acontecido en la manifestación antirrepresiva de Iruñea, que se saldó con cuatro detenidos, tres de los cuales continúan en prisión preventiva.


Antes que nada, pedir la absolución de los 4 detenidos de Orereta el 11 de marzo en Iruñea. Mi solidaridad incondicional a los compañeros, familiares y amigos. Ni la represión, ni la cárcel podrán con quienes luchan contra la represión y por un mundo más justo.

Sobre la violencia podríamos pasarnos horas y horas hablando, sobre las infinitas formas que tiene y sobre cómo hay que hacer frente a una violencia estructurada y establecida. Los que analizamos la historia de las sociedades desde el materialismo diálectico, es decir, los que sabemos que cada afirmación contiene a su vez su negación, su contrario, sabemos que la sociedad que está estrucuturada hoy en día es una sociedad basada en la lucha entre clases antágonicas, en la lucha entre los poseedores de los medios de producción por un lado, la burguesía, frente a los desposeídos y los que tienen que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir por otro lado, el proletariado. Le pese a quien le pese, y tras el surgimiento de las clases, todas las sociedades se han estructurado en clases antágonicas, con intereses antágonicos y en continua disputa. Esto es un hecho objetivo que podemos ver si analizamos las condiciones materiales existentes, y no analizandolo desde un idealismo abstracto de “todos somos iguales”, “armonía entre todos”, etc. No, en una sociedad de clases no todos somos iguales, ni existe una armonía, ni una convivencia. No puede existir una convivencia entre la burguesía y el proletariado, entre los explotadores y los explotados. Predicar una convivencia y poner de igual a igual a todos los miembros de la sociedad en una sociedad de clases, negando la lucha de clases, solo lleva a la claudicación de la clase obrera y a la perpetuación del sistema establecido.

Antes de condenar cualquier tipo de violencia de forma abstracta, habría que analizar, no solo las condiciones materiales que generan esa violencia, sino también qué es la violencia, qué violencia es legítima y cuándo la violencia se convierte en autodefensa. En el sistema capitalista de hoy en día, que como he escrito anteriormente se basa en la posesión de los medios de producción (y por lo tanto la dominación) de la burguesía y la explotación sobre la clase obrera, hay una violencia estructurada que ejerce de facto contra la clase obrera. Paro, miseria, desahucios, sueldos infrahumanos, largas jornadas de trabajo, “accidentes” laborales…

¿Cuál es la verdadera violencia? ¿Qué es la violencia? No solo podríamos considerar como violencia las relaciones sociales de producción capitalistas, sino también toda la superestrucura que se erige sobre ella, para defender los intereses de una clase, la burguesía. Para ello utilizan la violencia directamente, para salvaguardar esas relaciones de producción que se basan en la explotación y la miseria de la clase obrera.

Utilizan y utilizarán la violencia porque una clase determinada no entregará sus privilegios por su conciencia de buen hombre ni sus ideales, sino que por sus intereses de clases se negará a perder esos privilegios. Para esto, utiliza la violencia el estado, para defender los intereses de la burguesía.

¿Qué pasa en Iruña? ¿Dónde está la violencia? ¿Es violencia la autodefensa que ejercen los manifestantes frente a la represión que utiliza la policía nacional? ¿Por qué se condena la “violencia” de los manifestantes y no se condena la violencia policial, siempre al servicio de los intereses de una clase dominante? ¿Por qué en vez de condenar la violencia abstractamente, como si vivieramos en convivencia y en armonía todos, no se analiza cuales son las condiciones materiales, en qué situación viven esos jóvenes y qué denuncian? Porque todos los que condenan la violencia de los oprimidos sirven a una sola clase, la burguesía; y están ahí para ser su cara amable y canalizar la rabia de la juventud combativa y de los elementos más combativos y más conscientes de la clase obrera mediante las instituciones, para apaciguar la lucha de clases y encaminarlo por el parlamentarismo, esto es, la paz para la burguesía. Tal y como no he visto a los progres, que condenaban la “violencia” de los manifestantes, condenar la violencia policial; tampoco los he visto condenar la situación que vive esa juventud, estudiantes con tasas asfixiantes, en paro o con trabajos precarios. No los he visto condenar esa violencia, porque es una violencia que está estructurada dentro del capitalismo y estos sirven a este sistema. Al condenar tan efusivamente la actuación de los manifestantes y no hacer hincapié en la violencia policial, que es la que empieza los disturbios, yo creo que dejan bien claro el motivo de esto. Porque ellos se mueven dentro de la legalidad burguesa, y para ellos, lacayos del sistema capitalista, el no pedir permiso a las instituciones burguesas, el hacer algo fuera de esta legalidad burguesa es motivo para que la policía imponga el orden, o mejor dicho, el orden burgués. Nosotros no nos movemos según la legalidad burguesa, y sabemos diferenciar muy bien entre lo legal y lo legítimo, porque sabemos que la manifestación del sábado pasado no era legal (pues no se notificó a delegación de gobierno), pero si era legítima; porque las clases trabajadoras, la juventud combativa tienen el mismo derecho que todos de manifestarse sin pedir permiso a nadie, porque las reivindicaciones de esa manifestación eran legítimas, pese a que para el estado español sean ilegales. Tal y como hace cien años la jornada laboral de 8 horas era ilegal, aunque para los trabajadores era algo legítimo y algo por el que había que luchar. Un ejemplo claro de desobediencia, dejando claro que no necesitamos permisos de nadie para manifestarnos, ni que nos tienen que marcar ellos cuándo y cómo debemos hacerlo.

Estos partidos de izquierda y supuesta alternativa al sistema dejan claro que ellos solo se mueven dentro de esa legalidad burguesa, y que no están dispuestos a hacer algo fuera de esa legalidad impuesta por una sola clase, una minoría, a la clase trabajadora.

Entiendo que dentro de los movimientos revolucionarios pueda haber discrepancias sobre el uso de la violencia en x casos y los métodos de autodefensa que deben usarse; pero condenar publicamente ese “acto violento”, deja claro ante quién se está condenando (es decir, que no es una autocrítica que se haga dentro de ese movimiento), qué intereses se están defendiendo, y lo que es más grave, indirectamente estás diciendo que esos actos deben tener un castigo judicial, porque alteran el orden y la convivencia. Convivencia, que como hemos dicho anteriormente, mientras existan clases sociales, será nula.

Sobre los oportunistas ya he expuesto anteriormente las duras críticas que tuvo la actuación de los manifestantes por parte de todos los partidos políticos; entre ellos la de EH Bildu, solidarizándose con vecinos, hosteleros, es decir, con todos menos los que sufrieron la represión aquel día. Es más tarde cuando, supuestamente, Sortu se solidariza con los detenidos, en un comunicado del que de 5 parrafos, 4 son criticando las actuaciones de los manifestantes, repitiendo una vez más que no tienen cabida en esta sociedad de paz y convivencia (para la burguesía, está claro), y en las que al final, de paso, se solidarizan con los detenidos, pidiendo su libertad.

Aquí habría que matizar una cosa. En el momento en que tú, como partido político o como representante suyo haces unas declaraciones públicas rechazando estos actos, calificándolos de violentos, sabes que eso que estás condenando debe tener un castigo judicial; y que, aunque no lo pidas directamente, sí lo das a entender, ya que estás diciendo que eso “está mal” y que altera el orden establecido, por lo que debe de tener un castigo. Por lo tanto, y empezando por ahí, condenar de manera rotunda y pública la actuación “violenta” de los manifestantes se hace incompatible con pedir la absolución de los cuatro detenidos el sábado pasado, por que estás diciendo que lo hicieron mal y que alteraron el orden establecido, por lo que eso debe de tener un castigo. En el mejor de los casos podrías exigir que no se condene como terrorismo, pero pedir la absolución se hace incompatible.

Mi sorpresa, obvia desde la lejanía y el desconocimiento, llega cuando el viernes los padres sacan un comunicado, ratificado por sus hijos, en el que condenan la violencia, apuestan por una sociedad de convivencia y ni siquiera se pide su absolución, sino que se pide la libertad provisional y que, únicamente, se desacalifique la acusación de terrorismo. Hago un paréntesis para decir que se puede exigir la libertad provisional como paso previo a pedir la absolución, pero que no se puede exigir eso como objetivo final. Mas adelante explicaré esta cuestión y mi postura en este tema. El contenido de este comunicado, que curiosamente explica que no admitirá la injerencia manipuladora de nadie, me recuerda más al discurso de cierto partido que a un discurso puro (poniéndonos en lugar de un metafisíco, ya que no existe un pensamiento puro ni abstracto, alejado de las condiciones materiales ni de ningún discurso político) de unos padres, que, por cierto, no tienen por que tener las mismas ideas que sus hijos. Hemos visto miembros de ETA, o que han luchado dentro del MLNV, que eran hijos de policías nacionales o miembros del PNV o del PSOE, ¿en ese caso los padres tenían legitimidad para llevar adelante la línea política de sus hijos? Es al hablar con un amigo de Orereta cuando me doy cuenta de que obviamente hay un partido detrás de ese mensaje, y que el alcalde de ese pueblo, el señor Julen Mendoza (miembro de EH Bildu, no vayamos a olvidarnos de donde son los héroes de este pueblo) les exige días anteriores a los padres en una reunión que si quieren su apoyo deberán condenar en nombre de sus hijos la violencia que ejercieron los manifestantes el pásado sábado. Ahí podemos ver la solidaridad de EH Bildu y del señor Mendoza, que el viernes, después de la rueda de prensa de los padres decía que no les abandonaría, que estaría con ellos, etc. Casualmente hasta el viernes, y si miramos su cuenta de Twitter, lo único que dice sobre lo de Iruñea es para condenar los actos violentos, sin decir nada sobre los detenidos. Ahí podemos ver cómo esta gente tan miserable, en vez de solidarizarse con las familias de una forma verdadera, busca sacar rédito político en cualquier lado y de cualquier forma, aprovechándose del dolor, del miedo y el desconocimiento de los padres para establecer una línea política (que aunque se empeñen en decir que no tiene ninguna base política se puede ver claramente que sí la tiene, una ideología burguesa) que vaya acorde con la de su partido y la de la clase a la que defiende.

Otra cosa que habría que tener en cuenta es la firma de los encarcelados, en qué condiciones firman y con qué conocimiento del exterior y de la realidad. Habría que preguntarse también por qué son los padres los que se ponen a la cabeza de ese movimiento y hacen ese comunicado, y hasta que punto lo hacen solo los padres o presionados por x partido político. A su vez, habría que preguntarse hasta que punto los de dentro firman presionados y bajo que condiciones, y si esa firma se podría considerarse legítima. Es decir, si esa firma se realzia a sabiendas de todo lo que ocurre en el exterior, u ocultando cosas y chantajeados. Son preguntas que me hago sin saber la respuesta; pero que, sin saber esas respuestas, me hace difícil tomar una firma, solo por ser una firma, como legítima.

Conclusiones

Como principales conclusiones generales, habría que empezar analizando el por qué de la manifestación del sábado, analizar la raíz del problema y entender por qué una parte de la juventud sale a manifestarse, y por qué se da esa manifestación antirrepresiva; obviamente porque en este estado, como en cualquiera, se sigue utilizando la represión para defender los intereses de una clase. Y pese a que desde unos sectores nos quieren vender la paz, que a mi modo de ver sigue siendo una paz unilateral, una paz para los que nos siguen declarando la guerra, queda en evidencia que la represión hacia la clase obrera y sus sectores más combativos sigue en pie. Podemos ver además como estamos ante un claro montaje policial, siendo claro ejemplo de ello la calificación de terrorismo, con la clara intención de amedentrar a los sectores más combativos y buscar su claudicación.

No es solo la represión momentanea, es decir, las detenciones y el encarcelamiento, sino que también utilizan el miedo y este caso para dar un escarmiento, para que agachemos la cabeza y dejemos de luchar por lo que debemos. Frente a esa doble represión (la directa y la indirecta) hay que saber hacerle frente, tomando conciencia de la opresión que sufrimos como clase, organizándonos y luchando hasta nuestras últimas consecuencias. No debemos dejar que el miedo que nos quiere imponer el enemigo (entre ellos incluyo a los partidos de “izquierdas” que se suman a meter ese miedo a familiares y entorno) se imponga a la lucha justa de las clases trabajadoras.

Es imprescindible demostrarle al estado que no va a conseguir sus objetivos con la represión, y que aunque algunos compañeros caigan, otros muchos seguiremos en el camino; es imprescindible conseguir que nadie se interponga en nuestro camino ni lo condicione. A su vez, y como ya lo he expuesto anteriormente, no hay que dej ar que el miedo se imponga y que en el camino de nuestra lucha se imponga el miedo. Y con esto no me refiero solo a nosotros, sino también del miedo de los padres. No. No se puede dejar que el miedo (lógico por otra parte) que puedan tener unos padres se interponga en el camino de un proceso de lucha.

Principalmente porque los padres no tienen las mismas ideas que sus hijos encarcelados y por lo tanto no deben de encaminar su militancia, y también porque unos padres en las que en la mayoría de los casos se impone el miedo lo único que quieren es sacar a sus hijos a toda costa, sin tener en cuenta su lucha ni sus principios. Obvio que todos los queremos sacar de la cárcel, pero eso no tiene que conllevar a una rebaja de principios, sino de que a la vez que pedimos la absolución de los cuatro detenidos, seguir firmes con nuestros principios y nuestra lucha. Escudarse en el miedo de los padres para encaminar un movimiento por x intereses políticos, y lo que es peor, fomentarlo, es de una gravedad extrema y reaccionaria. Claro que hay que entender los sentimientos de la familia, apoyarlos y estar junto a ellos, pero también hay que hacerles entender, que la linea política de sus hijos no es la misma que la suya, y que no hay que dejar que se imponga el miedo.

En una de las tantas críticas que se le hacía a la manifestación del sábado se decía que es momento de vaciar las cárceles y por lo tanto no crear dinámicas que generen más presos. Estamos de acuerdo de que es momento de vaciar las cárceles, pero precisamente para ello era la manifestación de Iruñea, no solo para vaciar las cárceles, sino para denunciar cualquier caso de represión. ¿Qué vamos a hacer? ¿quedarnos en casa esperando a que salgan todos de las cárceles cumpliendo su condena y ya? ¿Qué vamos a hacer para que no metan más gente en la cárcel? ¿quedarnos en casa mientras seguimos explotados y nos condenan a una vida de miseria? Que en la manifestación cargara la policía no veo yo que la intención de la manifestación fuera la de meter más gente a la cárcel, sino denunciar los casos represivos y dar un ejemplo de desobediencia, de que no necesitamos el permiso de nadie para manifestarnos. Si eso, es decir, seguir luchando frente al sistema capitalista y sus co nsecuencias, es una estrategia para meter gente a la cárcel, la estrategia para vaciar las cárceles me parece claudicar ante el enemigo.

Es hora de pedir la absolución de los detenidos en Iruñea, de los cuatro, y de no pedir solo la libertad provisional y que les retiren los cargos de terrorismo. Hay que reivindicarlo como partes de la juventud combativa que frente a la represión utilizaron la autodefensa (aunque tampoco tienen pruebas de ello). Hay que remarcar que la verdadera violencia la ejerce la burguesía y el estado que está a su servicio, llevandonos a la miseria, al paro, reprimiéndonos etc. No hay que reivindicar la absolución unicamente desde el punto de vista judicial, sino desde el punto de vista legítimo, y siendo conscientes de que la verdadera presión social que se ejerza en la calle servirá para conseguir los objetivos. Que se puede luchar por la libertad provisional como paso previo a la absolución, pero que no hay que quedarse a mitad de camino, porque de lo contrario se está aceptando que lo que han hecho está mal, y que pese a no ser el de terrorismo, merecen un castigo. Eso es todo l o que se esconde detrás pedir unicamente la libertad provisional: declararlos culpables y decir alto y claro que cualquiera que se enfrente a la violencia policial y a la opresión sistemática es un violento y un vandalo, porque pone en peligro la “paz”, la paz burguesa, el orden establecido.

Entendiendo la represión como un arma de dominación más que utilizan las clases dominantes para asegurar su poder, pienso que cualquier reivindicación antirrepresiva debe de tener en cuenta la raíz del problema, y a la vez que reivindica luchar contra la represión debe de tener en cuenta qué es lo que genera esa represión, los intereses de clase que se esconden detrás de esa represión. Si no se liga la lucha antirrepresiva con la lucha contra el sistema que origina la represión, estas reivindicaciones quedarán en un plano reformista, poner el parche sin curar la herida. Para que la clase obrera deje de sufrir esta represión sistemática que sufre desde su nacimiento tendrá que acabar con el sistema que lo oprime y lo reprime para mantener esa opresión. Antes de acabar con una última conclusión, dar las gracias a la gente de Orereta con la que estoy en contacto estos días, en un caso que por las cosas que sean lo estoy siguiendo con mucho interés.

Para finalizar, y sin entrar en el tema de si el sábado se hizo lo correcto (las autocríticas me las guardo para con mis compañeros y las opiniones que puedan poner en peligro mi seguridad para mí), me gustaría dejar claro una cosa. Tarde o temprano, y nos guste o no, tendrá que utilizarse la violencia para cambiar este sistema, para acabar con el capitalismo e instaurar un modo de producción donde la posesión de los medios de producción sea social y no exista la explotación, el socialismo. Y cuando hablo de violencia no hablo ni de quemar cajeros ni cruzar contenedores. Como he mencionado anteriormente, dentro del capitalismo la burguesía, a través del estado, defenderá sus intereses y con este evitará tener que perder sus privilegios por el camino pacífico. No es el camino que nos gustaría, es el camino que nos imponen. Tal y como la burguesía en su momento derrocó al feudalismo mediante la violencia, lo mismo sucederá tarde o temprano, pero dialécticamente y por lo tanto con diferentes actores: el proletariado acabará con el poder de la burguesía mediante la violencia.

VIVA LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA!

VIVA LA LUCHA DE LA JUVENTUD COMBATIVA!

ABSOLUCIÓN PARA LOS 4 DE ORERETA!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s